Actualmente, las sociedades están viviendo un proceso de cambio que abarca ámbitos muy diferentes y que puede marcar un punto de inflexión en la forma en que se estructura la sociedad. Se redefinen las relaciones mundiales de poder y se desdibujan las formas tradicionales de dominación para dar paso a unas nuevas. Además, este proceso se está desarrollando a gran velocidad, casi sin la posibilidad de digerir, analizar y comprender gran parte de los acontecimientos que están teniendo lugar. Sin embargo, es en momentos como este cuando se puede –se debe– cuestionar el modelo existente para proponer nuevos caminos que permitan retomar el protagonismo de los ciudadanos.
En este contexto, en el ámbito de la comunicación se abren vías de estudio y de acción tremendamente interesantes y con grandes posibilidades de transformación social. Ante el nuevo escenario que ha abierto Internet y los canales multimedia, es preciso definir los peligros, vislumbrar las posibilidades y utilizar las nuevas herramientas hacia nuevas formas de participación ciudadana. Por ello, la educomunicación se estima fundamental para abordar las nuevas relaciones comunicativas desde una doble perspectiva: el desarrollo de una visión crítica de los mensajes emitidos desde los medios de comunicación de masas y la formación en procesos de una comunicación diferente, realmente colectiva y transformadora.
Una ciudadanía bien formada, consciente de la realidad, de las trampas del poder y sus manipulaciones, es una ciudadanía fuerte y capaz de decidir por sí misma. En este sentido, la educomunicación juega un papel determinante como agente de concienciación para lograr una ciudadanía capaz de discernir por sí misma las complejas relaciones que se tejen alrededor de los medios de comunicación y los intereses (pues siempre los hay) que se esconden tras los mensajes emitidos. De esta manera, se conseguiría que la sociedad estuviera preparada para reaccionar ante los previsibles abusos comunicacionales. En definitiva, se trata de desarrollar ciertas habilidades entre los miembros de una sociedad para conseguir que esta sea menos susceptible a engaños.
Por otra parte, es necesario crear núcleos de resistencia comunicativa. Espacios donde se puedan crear procesos de comunicación diferentes a los establecidos habitualmente por los poderes políticos o económicos. Estos núcleos deben ser imaginados y desarrollados desde la ciudadanía, a través de procesos de construcción colectiva y de recreación conjunta de la realidad. En otras palabras: se trata de devolver la comunicación a los ciudadanos. Imbuidos en una hipertecnologización de las relaciones sociales, los ciudadanos de las llamadas sociedades desarrolladas han olvidado su papel de miembros activos de una comunidad, mientras que los medios tradicionales de comunicación obvian, cada vez de manera más activa, su papel como contrapoder. Es preciso evitar que todos los procesos de comunicación pasen por la esfera económica pues, de esta manera, se contribuye a un deterioro de la democracia real. Para ello hay que trabajar en la creación de estos núcleos de resistencia comunicativa, entendidos como motores de cambio, espacios colectivos de creación y empoderamiento ciudadano.
La educomunicación tiene una larga y ardua tarea por delante. Debe enfrentarse a los intereses de los poderes fácticos y a una posible pasividad de algunos sectores. Por ello, se deben buscar aquellos espacios afines donde empezar a trabajar desde abajo, con la fuerza y la intensidad de una ciudadanía capaz de inventarse sus nuevas realidades comunicativas.
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